La Silla Desvencijada
Por: Hernando Sanabria Fernández · Santa Cruz - Vallegrande
El Cuento
Un día, un vecino pobre llegó hasta su casa para vender unas bolsas de carbón. Mientras conversaban, el hombre le contó algo que lo tenía muy preocupado. Dijo que unos muchachos del pueblo habían revisado las huellas que ella dejaba en el suelo y descubrieron marcas extrañas, parecidas a las de una mula herrada. En aquellos tiempos, la gente creía que las mujeres que vivían en pecado podían convertirse en criaturas malignas durante las noches.
Al escuchar eso, la mujer sintió un miedo profundo y también una gran vergüenza. Por primera vez comprendió el daño que había causado y decidió cambiar de vida. Lloró amargamente, abandonó su casa y se marchó lejos del pueblo para vivir en oración y penitencia, buscando el perdón de Dios.
Pasaron muchos años. El sufrimiento y la soledad la convirtieron en una anciana pobre y desgastada. Un día regresó en secreto solamente para ver a sus hijos, sin que ellos la reconocieran. Cuando llegó a la antigua casa, una sirvienta la hizo pasar y le ofreció sentarse en una vieja silla desvencijada mientras esperaba recibir una limosna.
La mujer observó en silencio el lugar donde había vivido tantos años y sintió tristeza al darse cuenta de cuánto había cambiado su vida. Nadie imaginó que aquella anciana cansada era la misma mujer orgullosa y rica de otros tiempos.
Desde entonces, esta leyenda se cuenta en Vallegrande como ejemplo de arrepentimiento, humildad y reflexión sobre las consecuencias de los malos actos.
Información
- Autor/Narrador: Hernando Sanabria Fernández
- Origen: Santa Cruz - Vallegrande
- Categoría: Leyenda